Bendiciones
Espiritualidad, universo, naturaleza y pueblos ancestrales son algunos de los conceptos que transitan y fundamentan la obra de la artista peruana, Kylla Piqueras (bisnieta del escultor y arquitecto Manuel Piqueras Cotolí), quien indaga en diversas disciplinas artísticas, como parte de una búsqueda espiritual profunda e insaciable. Habiéndose formado inicialmente como bailarina, en sus performance utiliza el cuerpo en movimiento como un medio de autosanación y conexión con el universo. “Me dedico al trabajo de improvisación con la danza, con el cuerpo como un vehículo de comunicación con el mundo que me rodea, pero de manera muy íntima. De alguna manera es lo que vivo en mi proceso de creación pictórico también, por eso las exposiciones traen una experiencia escénica consigo, mientras trabajo las obras surge también el movimiento, la imagen y la visión que se manifiesta como una historia que contar y que a su vez cierra la exposición”, explica la artista.
Asimismo, lleva 15 años investigando la riqueza de las plantas medicinales del Perú y estudiando la simbología sagrada de distintas tradiciones espirituales del mundo, las cuales integra en su corpus de obra. Kylla vivió por más de 10 años en los Andes peruanos investigando técnicas ancestrales textiles, que podemos ver reflejadas en su serie Mantos de oración, en que prepara e interviene textiles, y cuyo proceso constructivo sintoniza con la meditación. Sostiene la artista que “estos oficios tradicionales son efectivamente –y como ahora la ciencia occidental asevera– formas de meditación, maneras de acceder a la conciencia a través de la acción meditativa, de acceder a información intangible en la naturaleza. De esa percepción directa de la naturaleza y de ese ritmo de vida entendí que cada instante que le dedicaba a un bordado específico era un rezo”. En estos vemos una diversidad de técnicas, texturas y colores, entre ellas tintas para teñido, pintura con acrílicos, serigrafía, escarchas, bordados, pedrería y tallado. Con ello plasma diversas expresiones del arte popular, indígena y ancestral, para llevarlo a un sincretismo cultural en lenguaje contemporáneo.
No obstante, las imágenes que incorpora Kylla, con esa mixtura de simbolismos como, por ejemplo, la serpiente enrollada –alegoría de la sabiduría, sensualidad y fuerza vital– sobre la cual reposa la Virgen de Guadalupe, remiten a la noción de barroco latinoamericano, producido en la época colonial. Aquel barroco estaba marcado por la hibridez de elementos, provenientes tanto de la iglesia católica europea como del imaginario local indígena, que se apropiaron de las representaciones foráneas para darles un nuevo carácter y sentido, mediante la síntesis y reinvención original. Es así como la devoción a la Virgen de Guadalupe representa las fuerzas intangibles provenientes de la madre Tierra, explícito en los títulos de las obras-mantos.
De ese modo, la incorporación de lo popular y ancestral cobra especial relevancia en sus obras cargadas de color, saturación y exacerbación de elementos, como las rosas, además de los ostentosos marcos y sus diseños de flores y plantas, con resabios barrocos y rococó. Siempre desde una inquietud esencial: la conexión espiritual con la Tierra y el universo, cuyo fin nunca es simplemente crear objetos bellos, sino más bien una forma de conocimiento, de acercamiento al mundo que habitamos, para encontrar allí nuestro sitio y plasmar la energía consciente del proceso.
Texto: Arte Al Límite, «Fibras Latinoamericanas. 40 mujeres artistas»

